Crónica CAC Alcobendas (Madrid 2008)

En este torneo, el equipo Frisbillanas que se puso los tacos para competir estaba formado por Onecarlost, Rafita, Juanito, er Lolo, Albertazo, Isabel, Ana, Mac, María, Mollie, Jess, Charo (prima de María, sin tacos, pero colaborando inmensamente) y una servidora, Marío.

 

Llegamos el viernes por la noche a los Madriles. El torneo se organizaba en un polideportivo de Alcobendas, pueblo relativamente cercano a Madrid (allí llega el metro, señores), donde nos acogió estupendísimamente el equipo organizador: Quijotes.

 

Lo que más recuerdo de esa noche es a la señorita Mollie y a doña Mac compitiendo con jugadores de otros equipos por ver quién bebía más rápidamente con una pajita un frisbee totalmente llenito de cerveza. Quién iba a decir que en un frisbee caben 4 latitas de cerveza…Pronto nos acostamos; la única que siguió con los jueguecitos, no sé hasta qué hora, fue Mac…

 

Tampoco sé cómo terminó la noche…; el caso es que, a la mañana siguiente, después de vestirnos rápidamente y desayunar unos sobaos que podían “ajoga” a cualquiera, nos fuimos a los campos, campos que sí que se merecen ese nombre, no como nuestro Alamillito,…No quiero seguir comparando, porque le hemos cogido mucho cariño a esa “quasi-hectárea” nuestra, con sus agujeros y calvitas…pero, no hay color…

 

Frisbillanas jugó con mucha fuerza, y mejor de lo que yo esperaba, con buena técnica. Ganamos a Cacharrería únicamente, pero eso no quitó nuestra gran partición en el resto de partidos. A destacar: las carreras que Lolo hizo para atrapar los “longs”, el imán de las manos de Juanito, el movimiento de Mollie en el campo, la rapidez de Isabel, la lógica de Mac a la hora de jugar, la nueva handler que descubríamos en María, los pases y defensas de Ana, el entusiasmo y fuerza inagotables de Juan Carlos, la habilidad de Rafa con el disco y el nivelazo que nos mostraba Alberto.

 

Disfrutamos mucho, mucho con el juego, pero, para una servidora, los mejores momentos fueron los “corrillos o círculos” que se forman después de los partidos, donde los equipos que se han enfrentado se abrazan literalmente, ríen, destacan lo mejor del contrario, reconocen sus limitaciones y comparten la sensación que deja el practicar deporte, no sólo como una mera competición, sino como una forma de unión para disfrutar de todo lo que supone el juego; el comer todos los frisbillanas juntos con un sol espectacular y sobre un césped estupendo, como si de toda la vida nos conociéramos (Rafa lo expresó mu bien en ese momento: Dios existe); la actitud de todos y cada uno de nosotros, dando siempre apoyo y/o consejo al que le hacía falta, y aceptando las críticas que se nos hacían, sin disgustos ni malas opiniones… Sentí que éramos más que un equipo en un torneo; éramos amigos…en una especie de fiesta…

 

La noche del sábado tuvimos todos los equipos una grata sorpresa: ¡unas partiditas en una bolera! Nos mezclaron a todos los equipos para jugar en unas 20 calles de las 30 que habría en total en la bolera. Y ello, además de ser muy divertido, sirvió para conocer mejor al resto de jugadores y unir más a la familia ultimate.

 

El domingo, tras la entrega de premios, recogimos nuestras cositas y tiramos para casa. Pero no acabó ahí la cosa…porque después de la paliza de conducir desde Madrid a Sevilla, nos faltó tiempo para parar en nuestro Bigote y cenar todos juntos. Y allí, sentada con la pata chula, rodeada de tapitas y de gente hecha polvo comiéndolas, de nuevo pensé que éramos más que un equipo…

 

María Sabater (María Turriculae)